Diario de Valderrueda
"Cogorderos de Cepeda", por Marta García
lunes, 21 de septiembre de 2020, 03:11
CULTURA - MONTAÑA LEONESA

"Cogorderos de Cepeda", por Marta García

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"Cogorderos de Cepeda", por Marta García

Como cada semana, la sección "Senderos a lo alto" de Marina Díez sigue mostrando el homenaje literario de varios escritores a nuestra tierra y nuestra montaña.


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Cada pueblo tiene su historia; cada guerra, sus consecuencias; y cada creencia, su huella.


De vez en cuando, más, si cabe, en el tiempo que nos ha tocado, viene bien hacer memoria de raíces e historia, recorrer experiencias pasadas que, sin saberlo, forman parte de nuestro cada día. Y lo más importante: compartirlas. Tal vez una servidora no sea la persona más indicada para hablar de cultura leonesa, pero sí sus padres y abuelos. Seré su voz, y ellos mi fuente.


Comenzaré, pues, hablando de mi abuela; cepedana de nacimiento, al igual que mi padre, de los últimos nacidos en Cogorderos. Lo considero también mi pueblo, aunque no con el mismo derecho que ellos. Para mí, no es más que un recuerdo de infancia y de presente, el lugar de veraneo para evadirme un poco de la ciudad y dar rienda suelta a mis actividades creativas. Pero, para ellos, es mucho más que eso. Es su verdadera patria, la casa en la que nacieron. El valor que dan a cada rincón del corral, los cerezos que plantaron mis bisabuelos, los bosques de chopos, Las Barreras, el río Tuerto… No es algo que se mida en palabras. Y he tenido la inmensa fortuna de poder conocerlo.


Recuerdo acompañar a mi abuela a la panadería, de los pocos negocios locales, además del bar. Cogíamos moras de camino al río, y me contaba historias vividas, desde el racionamiento o el estraperlo de una reciente postguerra, hasta retazos de la Guerra de la Independencia. Nos remontamos al 23 de junio de 1811, cuando el ejército español “tocó a degüello” y no quedó ni un solo francés en la batalla de los Altos de Cogorderos. En el Arco del Triunfo de L’Etoile, en París, figura el nombre del héroe francés que murió en la batalla, Valletaux. Si alguien quisiera comprobarlo, puede visitar la plaza de la iglesia, donde hay un cartel indicador de la ruta que conmemora la batalla. Nunca olvidaré aquel paseo por el monte en el que me encontré restos de un botón. Pensaba que mi padre me estaba tomando el pelo cuando dijo que podría ser de los uniformes de los soldados de la Guerra de la Independencia. Hoy en día se siguen encontrando huesos de los combatientes caídos en la batalla. A veces nos sorprende la cercanía del pasado, supongo.


Guardo en el bolsillo otro pedacito de mi infancia. Desde niña, siempre me han llamado la atención los “rituales” de mi abuela cada vez que llovía. La veía encender la vela del Santísimo cuando, como ella dice: “rugía la truena”. Cada tormenta reflejaba miedo en sus ojos, un temor que yo no lograba comprender. Estábamos a salvo en casa, nada podía suceder. Claro que no siempre fue así. En otros tiempos, la vida en el campo giraba en torno al tiempo, pues una tormenta podía suponer el fin de las cosechas, fruto del duro trabajo de los agricultores. Esto justifica el miedo a estas tormentas eléctricas, en especial las esperadas tormentas de verano, un miedo que explica el origen de tantas creencias en santos, vírgenes, conjuros u oraciones que tenían el poder de ahuyentar el mal temporal.


“Tente nube,

tente tú,

que más puede

Dios que tú”.

(Fórmula que acompañaba el toque de campanas para conjurar a las nubes)


En mi humilde opinión –siempre unamuniana-, si hay algo que caracteriza a la humanidad, es la habilidad para encontrar la fe, una creencia que no me atrevo a llamar ficticia, aunque tal vez lo sea. En definitiva, algo a lo que aferrarse ante la incertidumbre por no poder explicar la realidad, o por temerla. Mi pueblo no fue una excepción.


En la iglesia de Cogorderos, en uno de los cuadros del retablo, bajo un cristal imperturbable conservado por tradición, se encuentra un grabado de la Virgen Soterránea, representación en la que los habitantes cepedanos depositan su fe y consuelo. Según cuentan, cuando las nubes y el granizo amenazaban los campos, la Virgen se sacaba a las puertas de la Iglesia, entre velas y oraciones, para que se detuviese el vendaval, contuviese el granizo o la lluvia, o alejase las nubes. La Virgen es, además, motivo de encuentros entre distintos pueblos que comparten su representación.


Mi abuela siempre dice que reinaba la concordia y la solidaridad entre los vecinos del pueblo, una costumbre tal vez perdida. Si alguien enfermaba, el resto de los vecinos llevaban a cabo sus tareas: el acarreo, la siega, la trilla… Llegando incluso a abandonar la labor propia. Contaré brevemente el testimonio  de una vecina de mi abuela, Constantina Alonso Fernández, la única centenaria de la zona: labradora, madre de seis hijos y encargada de velar la Virgen Soterránea en el portal de la Iglesia. Rezaba diariamente. En tiempos de tormenta, dedicaba plegarias a la Virgen, arrodillada en una silla junto a una vela encendida. Su fe superaba la de cualquier niño creyendo en los Reyes Magos o la de una esposa esperando que su marido regrese de la guerra, algo que, desde luego, tocó de cerca al pueblo. La anciana sostenía que la Virgen la escuchaba, y que respondía a sus oraciones. En la Guerra Civil, el grabado de la Virgen llegó a ser enterrado para evitar sacrilegio por parte de los republicanos, tal era la importancia de esa creencia.


Vírgenes, botones, guerreros, piedras de rayo, raíces…se esconden bajo las tierras de un pequeño pueblo, un fragmento de historia y cultura. ¿Qué no habrá en otros rincones de La Cepeda?


La lucha por la memoria es un esfuerzo compartido. Luchemos, pues, por más conmemoraciones al pasado, por preservar nuestros orígenes, por escuchar a los que un día vivieron en un mundo diferente.


Así, sembraremos algo más que recuerdos.


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Fuente: Marina Díez Fernández - Marta García García

Fotografía: José Ángel García Álvarez


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2 Comentarios

1

mi abuelo s ellamo: Angel Lucio Blanco, nacio el 02 de marzo de 1881 y fue adoptado por Benigna Garcia y Gregorio Alvavez de Cogorderos

escrito por mario blanco 18/sep/20    03:07
2

MI abuelo se crio en Cogorderos y desearia conocer mas sobre suvida.Nacio en 1881 y se fue a Cuba en 1902.Favor contestarme,saludos.mario

escrito por mario blanco 18/sep/20    01:22

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