Diario de Valderrueda
Antes de la manifestación de este 16-F te pido que hagas una reflexión
sábado, 11 de julio de 2020, 16:57
OPINIÓN - PROVINCIA DE LEÓN

Antes de la manifestación de este 16-F te pido que hagas una reflexión

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Antes de la manifestación de este 16-F te pido que hagas una reflexión...Por Carlos Fernández Morán.


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Si ya estás en tu garaje o en el teleclub de tu pueblo escribiendo en tu pancarta el lema que vas a utilizar en la manifestación de este domingo 16-F con la que vas a descargar toda tu ira y frustración contra los políticos, las administraciones y las multinacionales, te pido que por un momento levantes la vista, cojas aire y reflexiones, no vaya a ser que tuvieras pensado que de la que bajabas a León para manifestarte ya aprovechas y entras por el Carrefour y haces la compra.


Porque poco esfuerzo hemos hecho en los pueblos por intentar entender los motivos que nos han empujado a la despoblación, a la pérdida de servicios, a la pérdida de motores económicos y en definitiva a la falta de prosperidad en los pueblos. Quizás conviene que ahora que todos estamos de acuerdo en los problemas empecemos a trabajar por estar también de acuerdo en las soluciones, por mucho que nos duela en el orgullo y nos recorra un escalofrío por la espalda al asumir que de esta situación también somos responsables quienes vivimos, trabajamos o respetamos y deseamos lo mejor para los pueblos.


Ahora que se ha puesto de moda el término "productos de proximidad" te invito a recordar conmigo como funcionaba la economía de los pueblos hace sólo 30 años, hasta donde alcanzan mis recuerdos cuando yo tenía 5 años y vivía en un pueblo de la Montaña Leonesa.


Cuando yo tenía 5 años en mi pueblo había varias carnicerías, una caja de ahorros, un registro de la propiedad, una farmacia, ganaderos, varias tiendas, ferreterías, dos camping, una escuela hogar donde entre semana residían más de cien niños de distintos pueblos de las comarcas del Porma y del Curueño, un colegio con casi 300 niños, una estación en la que paraba el Transcantábrico y el emblemático "Tren de la Robla" transportando carbón hacia la térmica de Velilla o "El Correo" el tren de pasajeros que salía desde la estación de León hasta Bilbao (y con gente de vuelta), un coche de línea que subía y bajaba dos veces desde el nacimiento del Curueño hasta León, un Juzgado, bares, discoteca, restaurantes y dos fondas, peluquería, pequeñas empresas... Y por lo tanto había vecinos.


Entonces, hace sólo 30 años, en los pueblos se aplicaba el sentido común: la familia que vivía del restaurante tenía a los niños en el colegio y la carne que cocinaba la compraba en la carnicería del pueblo, el carnicero compraba a los ganaderos y comía los domingos en el restaurante que le compraba la carne, el ganadero jugaba la partida en el bar, el del bar se hizo una casa para su familia y se la encargó a un constructor que vivía en el pueblo y que compraba en la ferretería y al de la ferretería le llevaba las facturas su vecino que tenía una asesoría.


Los vecinos se proveían unos a otros y generaban una economía suficiente para poder vivir con dignidad en el lugar en que nacieron y al que sienten que pertenecen. Además se hacía diariamente uso de los servicios básicos de que disponían como las gasolinera, el tren, el coche de línea, el colegio, el centro médico... favoreciendo que permanecieran abiertos.


Pero abróchense los cinturones que vamos a volver a viajar al presente.


Ahora en mi pueblo ya no vive ni el señor cura, que viene los domingos para dar misa, ni los maestros que se ponen de acuerdo para compartir un coche y venir desde León, ni casi nadie el personal del registro de la propiedad, ni el médico, porque cuando uno oposita o solicita una plaza para algún cargo de la administración se puntúa por todo en este país menos por vivir en el lugar donde vas a realizar tu trabajo.


La escuela hogar donde los niños de otras comarcas estaban internados entre semana desapareció porque ya no quedan niños en los pueblos, y terminará por desaparecer el colegio porque no hay jóvenes que vivan en el pueblo y que tengan a sus hijos aquí y porque de todos es sabido que en un colegio rural los niños te van a salir analfabetos, vistiendo boina y calzando madreñas, porque aquí los maestros llegan sin titulación y los niños sólo tienen un maestro por cada 6 niños, no como en los colegios de León donde son 35 niños por cada maestro que a mitad de curso todavía tiene que repasar en el cuaderno los nombres y donde todos los niños salen ingenieros aeroespaciales, donde no hay jóvenes fumando porros en los patios. Claro, en las ciudades no hay paro, en las ciudades no hay jóvenes frustrados viviendo con 30 años en casa de sus padres sin oficio ni beneficio esperando aprobar una oposición y tirando la toalla a los 35 años para acabar asumiendo un trabajo precario con la esperanza de al menos pagar un alquiler y compartir piso con otros jóvenes que arrastran su misma situación. Eso sólo ocurre aquí en los pueblos.


Hoy las tiendas de los pueblos cierran porque cada vez hay menos vecinos y porque muchos de ellos bajan a comprar a la capital, seducidos por las rebajas, los precios bajos, los productos de marcas blancas, la publicidad y por qué no decirlo también por el prestigio que sienten al comprar en tiendas que ganaron su renombre en la ciudad gracias a los paletos de los pueblos que volvíamos con el pecho como un palomo en el tren cargados de bolsas con "marcas".


Hoy nos manifestamos porque cerrará la estación de un tren en el que ya no viaja nadie.

Mañana cerrará la carpintería del pueblo porque el carpintero educó a sus hijos fuera del pueblo y ya no tiene a nadie que pueda aprender su oficio, aunque ahora se arrepiente de presionar a su hijo para que estudiara derecho porque ahora lo tiene viviendo en su casa con él, en el pueblo, mientras un año más sigue preparando las oposiciones.


Saldremos a la calle a protestar por esta imparable despoblación en los pueblos, porque las administraciones no conocen nuestros problemas, ni nuestras urgencias ni nuestras necesidades, porque aplican normativas, leyes y estrategias genéricas que nada tienen que ver con la realidad de nuestros territorios, porque nuestros políticos toman decisiones a cientos de kilómetros de los lugares y las personas sobre los que deciden, porque las multinacionales están eliminando al más débil y porque si tenemos las mismas obligaciones también queremos exigir los mismos derechos, pero eso sí, que no se nos olvide que nosotros con nuestros actos nos hemos convertido en cómplices.


Nuestro egoísmo, nuestra envidia en muchos casos por ver prosperar al vecino, nuestra visión a corto plazo, nuestras prioridades a la hora de elegir a nuestros representantes, a quienes están en el lugar donde se toman las decisiones, también ha contribuido a romper el motor que ha mantenido vivos a los pueblos hasta hoy.


Me llamo Carlos Fernández Morán, tengo 35 años y como muchos otros jóvenes crecí observando la despoblación de los pueblos, la marcha imparable hacia las ciudades de muchos de mis amigos, el abandono y las interferencias de las administraciones, sufrí el cierre de muchos de nuestros servicios básicos y soporté durante años una y otra vez entre mis vecinos el discurso pesimista que nos empujó a irnos de los pueblos.


Pero lo que también veo es una tierra llena de recursos que cada vez son más escasos en otros lugares, llena de fuerza y de ambición donde aún queda mucho por hacer,con un paisaje maravilloso, con unos ecosistemas únicos en el mundo, una tierra con historia, llena de talento de otros jóvenes que como yo hemos decidido volver al pueblo con voluntad de trabajar y ganarnos la vida dignamente, de que nosotros y nuestros hijos vivamos en un entorno saludable, sin renunciar a ningún deber pero tampoco a ningún derecho, sin renunciar a la modernidad y al progreso, orgullosos de nuestras tradiciones pero con la mirada también puesta en el futuro, en un futuro que deseamos que sea próspero y de esperanza para las zonas rurales.


No se trata de que no se pueda bajar del pueblo a comprar a la ciudad, al cine, al banco, a los restaurantes, a los centros comerciales, se trata de que recuperemos el compromiso unos con otros en contribuir y garantizar el futuro de nuestros pueblos para que nuestra vida allí no desaparezca, para que quienes queremos vivir allí lo podamos seguir haciendo, para recuperar el equilibrio.


De lo contrario dentro de 30 años le suplicaremos al directivo de Carrefour que construya aquí, no para darnos servicios porque para entonces no quedará nadie aquí viviendo, si no para que vengan a vivir todos sus empleados, que probablemente seremos nuevamente muchos de nosotros. 


Fuente: Carlos Fernández Morán

Fotografía: Manifestación 16F León


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