Diario de Valderrueda
Cómo afrontar la nueva normalidad sin besos ni abrazos
viernes, 23 de octubre de 2020, 07:55
SALUD - CRISIS SANITARIA

Cómo afrontar la nueva normalidad sin besos ni abrazos

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Cómo afrontar la nueva normalidad sin besos ni abrazos.

El equipo de psicólogos de ifeel explica las claves para que las normas de distanciamiento social no pasen factura a nuestra salud mental.


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La nueva normalidad está cada día más presente con el avance de las fases, pero muchos aún esperan reencontrarse con familiares, recuperar el ocio con amigos o volver a enamorarse. En definitiva, nuestras relaciones interpersonales, tal y como las concebíamos hace tres meses.


En este tiempo hemos incorporado nuevos hábitos que van desde la comunicación online, hasta la rutina de mantenernos separados, de no tocarnos e incluso de no ver las sonrisas que esconden las mascarillas.  Pero, ¿hasta qué punto podemos aguantar estas medidas de distanciamiento social? ¿Cómo debemos proceder durante la nueva normalidad para que las normas no pasen factura a nuestra salud mental?


Los psicólogos de ifeel recopilan en diez claves cómo debemos afrontar la nueva normalidad sin besos ni abrazos.


1. Tener claro que es una situación temporal


Las muestras de afecto a través del tacto regresarán. Ya lo están haciendo poco a poco y acabarán abriéndose camino incluso aunque eso suponga un riesgo relativamente asumible para la salud, porque obedecen a una necesidad humana. Ningún ser humano se desarrolla plenamente sin ser tocado, por mucho que se le alimente, se le arrope o se le administre una medicina y los bebés son el mejor ejemplo, pues el tacto es una fuente crucial de estimulación cerebral en el momento del nacimiento, mucho más importante que el oído, el gusto o la vista.


2. Ser capaces de restringir las muestras de afecto a través del tacto


Los seres humanos no estamos diseñados para vivir sin el afecto físico, pero sí somos capaces de modularlo por un bien mayor. Podemos restringirlo durante ciertos periodos de tiempo, como está ocurriendo con esta pandemia, pero necesitamos el tacto a cualquier edad para comunicarnos plenamente y también por nuestra salud física y psicológica. Nuestra inteligencia juega a nuestro favor y prioriza las necesidades.


3. El ejemplo de otras culturas


La manera de tocarnos y de gestionar el espacio interpersonal está sujeta a enormes condicionantes culturales. Por eso, es probable que durante el periodo de confinamiento hayan acusado más la ausencia de contacto social las personas que lo han pasado solas en España e Italia que alguien en su misma situación en Japón o Suecia. No porque en Japón o Suecia la gente no se toque o no lo necesite, sino porque lo hacen menos, su distancia interpersonal es más acusada que en países de cultura mediterránea, latina o árabe, por ejemplo. Por lo tanto, debemos aprender de otras culturas, que no les dan tanta importancia a las muestras físicas de cariño pero que son capaces de relacionarse y amarse igualmente.


4. De puertas para dentro


Tener que mantener la distancia de puertas para fuera no implica que, dentro de casa, con quienes se convive, no se puedan dar besos, achuchones o abrazos. Si hay niños en casa debemos hacer especial hincapié en estas muestras, ya que son las únicas que recibirán nuestros hijos. Serán bienvenidas las cosquillas o los juegos de contacto. Lo ideal es incidir en hacer estos momentos en casa sin pantallas, reforzando así el contacto entre personas.


5. Explicárselo a los niños


Con los más pequeños de la casa es imprescindible sentarse con ellos y explicarles en qué consisten los cambios de fase. Hay que asegurarse de que empleamos un lenguaje que puedan entender bien y, si es necesario, apoyarnos en dibujos o marionetas para asegurar su correcta compresión y la necesidad del distanciamiento social. En el caso de los más mayores, sería aconsejable dar una mayor autonomía (enfatizando el respeto de las normas y la higiene) y fomentar las visitas en las casas, para así poder mantener el contacto presencial con amigos. Es prioritario buscar formas alternativas de expresar afecto sin necesidad de una pantalla ni de contacto físico (en lugares públicos) y formas divertidas de fomentar el distanciamiento social.


6. Tolerar la frustración de reencontrarnos pero no tocarnos


Es importante recordar que el regreso a la normalidad social debe hacerse progresivamente y manteniendo las distancias. Sobre todo si estamos en fase 1 o fase 2, se pueden hacer planes con otras personas, al fin y al cabo, en algún momento hay que hacerlos, pero no siempre podrán ser los que nosotros querríamos. Las excursiones en coche si no vivimos juntos van a ser difíciles, quizá conseguir mesa para cenar fuera también. Habrá que priorizar planes asequibles y seguros. Elegir la casa más grande que esté disponible entre los del grupo para poder mantener la distancia cuando quedemos, u optar por un paseo en pequeño grupo en un lugar espacioso o por un rato en un parque. Obviamente son planes que por un lado pueden dejarnos insatisfechos, pero hay que recordar que no lo hacemos así de manera gratuita, sino por poderosas razones. Programar bien de antemano en qué va a consistir la quedada, asegurarnos de que todos recordamos qué podemos y no podemos hacer y por qué, organizar planes sencillos y esperar pacientemente a que pasemos de fase para poder ir accediendo a planes más elaborados y que permitan mayor cercanía. Si nos esforzamos en seguir las recomendaciones vamos a tardar mucho menos tiempo en llegar a donde queremos llegar.


7. Contacto con los de casa y distancia con los de fuera


Puede que estas semanas nos resulte complicado articular el comportamiento que podemos tener con quienes convivimos y el que debemos tener con los de fuera. Es decir, si he pasado la cuarentena con alguien podemos tener contacto físico entre nosotros, pero, una vez que salimos a la calle y nos reencontramos con otras personas de nuestro círculo debemos recordar que hay que guardar con ellas la distancia recomendada. Al final, acaba imponiéndose como rutina, solo hay que dejar tiempo para que el hábito se establezca. Podemos hacerlo, entre otras cosas porque somos responsables y tenemos memoria, lo que nos permite recordar y cumplir normas sencillas, aunque hace unos meses fueran muy raras. Es obvio que todos tenemos inercias y automatismos en nuestro comportamiento, pero se trata de poner atención y mantener ciertas alertas que nos ayuden a no relajarnos. Cuando quedes con alguien incluye un recordatorio de que no os vais a saludar como antes y lleva tu mascarilla, sobre todo en espacios donde no se puede mantener la distancia. Si estás en casa de alguien recuerda que las sillas deben estar alejadas entre sí y que no puedes estar en una cocina diminuta ayudando a alguien a preparar la cena, aunque sí lo hicieras en otras circunstancias. Son instrucciones muy sencillas y llevas muchas semanas practicándolas. Simplemente sigue haciéndolo.


8. Contenerme cuando soy muy cariñoso


A todos nos afecta psicológicamente el no poder comportarnos con la naturalidad acostumbrada en nuestras interacciones sociales. Algunas personas, que de natural son más distantes, no van a acusar mucho esta recomendación. Otras, en cambio, son muy proclives a las manifestaciones físicas de afecto y probablemente tendrán que hacer un esfuerzo mayor para contener sus impulsos durante estas semanas. No obstante, esto no tiene que suponer un trauma para nadie, nadie es tan extremadamente cariñoso que esta situación le vaya a suponer un verdadero sufrimiento, más allá de incomodidad, contrariedad o molestia.


9. Alternativas para el contacto más allá de las pantallas


La pantalla es un medio a través del cual comunicamos afecto y cariño sin tacto y estas semanas lo hemos explotado como nunca antes. Otro medio es el teléfono normal (sin vídeo), que no permite ver la cara de la persona, pero funciona mejor que las videollamadas y nos permite disfrutar de todos los matices de la voz de nuestro interlocutor sin el inconveniente de que haya alguien enfrente mirándonos. Intercambiar mensajes por WhatsApp o plantear una quedada presencial manteniendo la distancia, que no siempre es factible en cualquier espacio, pero sí en muchos otros, solo hay que proponérselo de verdad. También se puede obsequiar a la gente con algo que le compres/hagas y le envíes a casa (comida, flores, una mascarilla de diseño, un libro, una bonita bolsa de tela u otro objeto que necesite), estas sorpresas siempre son agradables y encierran mucho cariño. El tacto es fundamental en humanos, pero no podemos reducir el afecto o el cariño a lo táctil: están las palabras (orales y escritas), está la presencia (aunque sea con medidas de seguridad), están las conductas (esas “buenas obras” que hacemos por alguien, o para alguien), o cualquier cosa que se nos ocurra. En este punto siempre van a ser recomendables dos cosas: la primera es la creatividad; la segunda, ser realistas, ya que la desescalada da de sí hasta cierto punto y de momento toca seguir esperando tiempos mejores para el contacto, que irán llegando progresivamente.


10. Centrarse en lo positivo



Prescindir de las muestras de contacto físico que antes intercambiábamos con toda naturalidad no es fácil ni agradable. No obstante, es importante tomar perspectiva y poner el foco también en la parte positiva. Hasta hace nada hemos estado prácticamente dos meses cada uno en su casa sin ni siquiera poder quedar con nadie. Después hemos podido pasear y empezar a quedar con amigos y familiares. No hay nada de malo en que lamentemos la imposibilidad de tocarnos, pero a continuación también debemos apreciar que ya podemos vernos en persona y que pronto seguiremos avanzando en esa dirección.


Fuente: ifeel

Fotografía: ifeel


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