Diario de Valderrueda
¡El Antruido de Liegos!
viernes, 30 de octubre de 2020, 11:36
TRADICIONES - MONTAÑA LEONESA

¡El Antruido de Liegos!

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¡El Antruido de Liegos!.

Pascual Gómez Álvarez nos acerca, a través de una preciosa crónica, esta tradición de la localidad leonesa de la Montaña de Riaño.


Quemando Antruido 2


Un año más, Liegos celebró en el pasado mes de febrero el tradicional Antruido y es posible que fuera un día más intenso y concurrido que en años anteriores.


Como siempre, los niños que viven permanentemente en el pueblo, los días anteriores a la fecha, ayudados por familiares y vecinos, fueron haciendo acopio de los materiales necesarios para hacer una buena choza, con el deseo de que diese un gran espectáculo de luz y color y, al mismo tiempo, el apetecido calor en la noche de Antruido.


Aquí la tradición de quemar la choza de Antruido se pierde en la noche de los tiempos. Los que ahora somos mayores tenemos muy presentes los antruidos de nuestra infancia. Unos cuantos días antes hacíamos una inspección por los muchos cierres de los prados, que entonces abundaban, y tomábamos buena nota de aquellas llatas que estaban rotas o sueltas por el peso de la nieve y, poco a poco, íbamos juntándolas en el lugar elegido debajo de La Piniella, donde íbamos a construir nuestra choza.


Disfraces de Antruido (1)


Por las tardes, después de salir de la escuela, salíamos con algunas herramientas y unos cordeles para traer las escobas necesarias para techarla con todo esmero. Una vez terminado este trabajo, íbamos por el pueblo pidiendo restos de hierba y cuelmos de paja de centeno, que entonces abundaban, y día a día íbamos llenándola de paja.


La tarde del martes, salíamos por las calles del pueblo tocando los cencerros y, a veces, recogiendo los “presentes” que en algunas casas nos daban: chorizos, huevos, morcillas, pan… para luego merendar todos juntos en una de nuestras casas.


Después de la cena cogíamos de nuevo los cencerros y, una vez dada una vuelta por el pueblo, nos dirigíamos a La Piniella para cumplir con el rito importante de “quemar Antruido”. Contemplando el fuego, disfrutábamos muchísimo y nos sentíamos protagonistas del festejo.


Algunos años había hasta dos chozas, pues los del barrio de La Siberia decían que desde allí “no se veía arder” y hacían fuego en lo alto de La Horca.


Volviendo al presente, tenemos que reconocer que este año resultó una jornada de Antruido muy alegre, participativa y muy entrañable. Debemos agradecer a los coordinadores anónimos y menos anónimos que hayamos disfrutado de una noche entrañable, divertida y fraternal.


Cena Bar Pedreu00f1a


Siguiendo las normas comunicadas previamente, y dados los últimos retoques a la choza, a las ocho debíamos reunirnos todos, a ser posible disfrazados y provistos con los más sonoros cencerros, en la Plaza de La Portillera para comenzar desde allí el desfile por el pueblo.


No se había detectado mucha presencia de gente en los días previos, pero fue muy grato comprobar que los asistentes superaban todas las previsiones, y la variedad y originalidad de los disfraces eran una buena muestra de trabajo y creatividad.


Allí comenzamos el desfile por todas las calles del pueblo, con mucho jolgorio, haciendo sonar los cencerros y siguiendo el ritmo marcado por Mario (ocho años), con su “redoblante”.


Hicimos pequeñas paradas para mostrarles nuestro respeto a las abuelas, y ellas nos mostraron su agradecimiento con las ricas pastas de la casa.


Una vez terminado el desfile, estábamos citados en el bar Pedreña para dar buena cuenta de una cena colectiva y comunal, donde cada uno había aportado de forma voluntaria las viandas que estimó oportunas y que el personal se esmeró en disponer sobre la barra y las mesas para luego degustar entre todos.


Quemando Antruido 1


Resultó una cena abundante, variada, con verdaderas exquisiteces y sobre todo con una gran hermandad y mucha alegría. El programa estaba muy apretado, y a las once debíamos estar en torno a la choza para poner el broche de oro de la jornada: quemar Antruido.


Tuvimos la suerte de disfrutar de una noche clara y con buena temperatura, que invitaba a estar en la calle. El fuego se propagó con rapidez y era muy emocionante ver las caras de satisfacción y de alegría que la enorme antorcha nos permitía contemplar. A medida que el fuego aumentaba, se podía observar cómo el amplio corro que habíamos formado en torno a él iba aumentando su radio.


Los niños eran los verdaderos protagonistas, y disfrutaban observando aquel espectáculo de luz y color, participando entusiasmados de una de nuestras más antiguas tradiciones: estábamos quemando Antruido.


Aquel entrañable y numeroso corro de gente alrededor de la hoguera estaba disfrutando del fuego pero, al mismo tiempo, por su imaginación podían pasar los gratos momentos vividos en torno a Liegos, y se fortalecía su gran sentimiento de pertenencia. No todos éramos del pueblo, pero las puertas están siempre abiertas para todos aquellos que lleguen noblemente. En el gran corro había un grupo de familias del Club de Montañeros de Valladolid que, instaladas en el albergue que tenemos en el pueblo, habían programado unas jornadas para los niños aprovechando estas fechas, y que se unieron colaborando y participando en todas las actividades.


Pero, siguiendo el apretado programa, a las doce de la noche estábamos todos invitados a una chocolatada en el bar Pedreña. Seguían la fiesta, la alegría y la música poniendo el broche final para que aumentase el jolgorio. La música era en directo, con un buen artista muy conocido por toda la montaña y que ya hizo danzar al personal en muchas celebraciones. Nos estamos refiriendo al “Belerda”, el hombre orquesta, capaz de sacar de su acordeón un amplio repertorio de ritmos y canciones.


El ambiente estuvo muy animado y, como la noche acompañaba, la terraza del bar y la propia calle sirvieron para que la gente se marcase unos buenos pasos de baile al son de la música.


La noche seguía su curso y con el paso de las horas fueron aguantando solo los más “duros”. Parece ser que este grupo de elegidos se adentró bastante en la madrugada del miércoles de ceniza…


Quemando Antruido 3


A todos, GRACIAS. Y, como se solía decir antaño, “¡que de hoy en un año!”


Fuente: Pascual Gómez Álvarez

Fotografía: Pascual Gómez Álvarez


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