Diario de Valderrueda
Pensamientos de “no normalidad”
jueves, 23 de septiembre de 2021, 05:04
OPINIÓN - CULTURA

Pensamientos de “no normalidad”

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Pensamientos de “no normalidad”...Por Marina Díez.


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Vengo de descubrir que durante los meses de “nueva normalidad” se me ha regalado tiempo. Trabajo en un centro a las afueras de la ciudad y el ir y venir a mi puesto me supone más de una hora diaria. Lo sé, si habéis vivido en ciudades grandes esto os parecerá lo normal, pero es León. Una vez que he probado las ventajas del teletrabajo en el que sigo siendo igual o más productiva para mi empresa se me hace cuesta arriba el volver al centro habitual. ¿Posibilidad de quedarme en casa? No se nos da. Una pena. Supongo que acostumbrarse de nuevo a los atascos, los madrugones y el retorno eterno hasta el hogar es cosa también de nuevas aclimataciones en las rutinas de “lo normal”.


Y, es que, hay tantas cosas “normales” en esta “nueva normalidad” que no lo son. Qué más darán los efectos que causen en nosotros esos cambios. No nos trastornamos estando encerrados en casa, ni cuando comenzamos con la semilibertad, tampoco lo haremos con la libertad impuesta ¿o sí?.


Me encuentro en la delgada línea del mandar a la sociedad al carajo y proponer que lo normal es lo coherente y lo más adecuado para todos. Disculpadme por la idea de olla si me veis feliz en mi trabajo, proponiendo nuevos proyectos o poseyendo aun fe en la gente.


Será que soy poeta. Y con eso pienso escudarme para contaros que el primer día de vuelta a mi centro de trabajo, aun con ilusión, fue todo menos normal. Que existen medidas de seguridad COVID y que no es lo mismo que antes. Que a mis compañeros no les pongo cara porque me cambiaron de proyecto justo antes de confinarnos y llevo un año hablando con ellos por Zoom; que reconozco sus voces y me chocan sus gestos y sus caras porque mi mente las perfiló de otra manera a lo largo de estos meses. Que muchas veces para poder llamarles por el nombre cierro los ojos y escucho sus voces para saber quienes son.


Una semana después ya comienzan a ser caras conocidas, ojo, bajo mascarillas, que en un tiempo también desaparecerán y vuelta a sorprenderme y no reconocerlos. Que los ojos son el espejo del alma y dicen mucho, pero que ese objeto de protección que acarreamos ahora nos evoca diferentes percepciones de lo que puede haber debajo. De geles y desinfecciones va aún la cosa. Que el peligro sigue ahí y no nos lo tomamos todo lo enserio que debiéramos, porque lo importante aquí es volver a nuestras vidas de antes y esas, disculpadme, pero no van a volver. O, mejor dicho, me niego a que vuelvan. Las reuniones de amigos y familiares, perfecto -esas las echo en falta- las cenas de empresa y quedadas, genial -porque hay que hacer equipo-. Y conste que me he pasado la semana sonriendo (aunque lo tape la mascarilla) a todos aquellos compañeros que sí reconocía bajo la tela, porque llevaba más de un año sin verlos y aunque no trabajemos ahora en lo mismo me cruzaba con ellos en las áreas de descanso o en el baño. Pero el perder una hora en ir a trabajar en un puesto que puedes llevar a cabo desde casa y con inferior coste para las empresas ¿por qué?


Ahora dejemos a un lado mi faceta como teleoperadora para una empresa grande y volvamos a Marina Díez, la editora de Mariposa Ediciones que regenta una pequeña empresa leonesa con un puñado de trabajadores en su equipo. Esa que se envenena con los aforos limitados en actos culturales mientras en otros lares se lo pasan todo por el arco del triunfo… Llevo un año trabajando para digitalizar la empresa al máximo. Para que los cursos de la escuela de escritura puedan ser online y accesibles a todo el mundo sin ningún tipo de peligro. Tengo reuniones semanales con mi equipo en el que hablamos de nuevos proyectos y organizamos todo lo ya existente. Ellos, trabajan todos desde casa, como yo. Asumo esos costes, pero quito otros. ¿para qué hacer una nueva sede más grande en la que estemos todos? Si trabajamos bien así. Otra cosa es nuestros comerciales o los autores, que tienen que estar en las ferias de libros de cara al público, o yo misma, que tengo eventos en los que acercarme a nuestros lectores. Separemos en que puestos se debe, se puede o se quiere teletrabajar. Y lo notaremos en todo. Primero en no mover tantos vehículos, que en León ya no había atascos y vuelven a la carga -ni me quiero imaginar en las grandes urbes-. Los costes que todo ello conlleva para la economía familiar, no es lo mismo cobrar tu sueldo integro que apartar para el transporte al trabajo, la comida, etc... Las dichosas mascarillas, porque sí, trabajamos con ellas, que son centros cerrados. Entiendo que, en hostelería y servicios primarios, inclusive personas que trabajen cara al público no les quede otra que trabajar así, pero el resto ¿por qué? Generamos más basura y no es que sea cómodo de llevar. ¿Cuánto gel hidroalcohólico soportarán nuestras manos hasta generar problemas en la piel? O las llagas en las orejas de las cuerdas de la mascarilla. ¿Sabéis lo que es hablar con ella puesta durante toda una jornada como es obligatorio para muchos comerciales? ¿Los problemas respiratorios y de salud que se pueden crear? Claro, son cifras no personas… Si fallan o caen viene otra cifra y les cubre, no pasa nada.


Como directora de algo pequeño puedo permitirme pensar en mis trabajadores y los “freeland” que me facturan, pero eso solo lo hacemos los pequeños ¿no? Ah, que estáis pensando que ni siquiera las PYMES, exacto. Mi política de empresa no es la habitual. Total, que bienvenidos a la “nueva normalidad”. Esa en la que sigue primando la economía a las personas y en las que somos esclavos del eslabón que ocupamos en la cadena productiva, aunque nos sintamos libres. Que me da la risa de pensarlo. Lo peor, que ahora nos damos cuenta de ello y seguimos como si nada, que así nos va.

PD. Ahora que valoro mi tiempo, no lo pienso regalar.


Y mientras, a sentirme agradecida de que la empresa para la que trabajo nos enviara a casa en pandemia que hay quienes remaron fuera toda esta crisis sanitaria, y que volver, mal que me pese, es de agradecer, porque continúo teniendo un trabajo (cosa que no todo el mundo puede decir después de toda esta marabunta de calamidades). 


Me queda el consuelo de que mi Mariposa Ediciones sigue volando, que nos frenó la pandemia y aun así seguimos ahí: creando y trabajando y que empezamos a crecer de nuevo. Y vosotros ¿veis algo normal en esta absurda normalidad?


Fuente: Marina Díez Fernández

Fotografía: Marina Díez Fernández


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