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REPORTAJES

La Vieja del Monte, la ‘Papá Noel’ u ‘Olentzero’ femenina y leonesa

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La vieja, ‘la güela’ o ‘la vieya’ es un personaje benévolo de la mitología leonesa que daba alimentos a los pastores para que se los llevaran a los más pequeños de la casa.

Una especie de ‘Papá Noel’ o de ‘Olentzero’ femenino y muy nuestro.



Hay un conjunto de personajes mitológicos que aún hoy gozan de vitalidad, es decir, que cuentan todavía con una legión de creyentes que asumen sin problema alguno su existencia real. Lo hemos podido comprobar recientemente cuando unos entes míticos y bonachones que viven en lejanas tierras han traído a nuestros niños regalos en un momento concreto del año, y todo gracias a la intermediación cariñosa de padres y familiares. Nos estamos refiriendo a los Reyes Magos, que vienen de Oriente, a Papá Noel, que vive en el Polo Norte, al Olentzero de la tradición vasca y navarra, viejo carbonero que baja del monte para anunciar la Navidad con regalos para los más jóvenes, al tronco de Navidad de las tradiciones catalana (tió) y aragonesa (tronca), que es un leño humanizado que golpean los niños y reparte regalos también en Navidad, o a la figura de la Befana de las tierras italianas que aparece en la víspera del día de Reyes para distribuir presentes entre la infancia.


En la tradición leonesa también encontramos un personaje bondadoso que vive apartado de la sociedad pero que siempre se acuerda de los niños, a los que envía pequeños obsequios a través de sus padres: es la Vieja del Monte, entidad legendaria, genuinamente leonesa, bien estudiada por José Luis Puerto.

La Vieja del Monte es la denominación más generalizada de este mito que se extiende por todo el norte montañoso de León, aunque a veces tiene nombres locales como el de la Güela, en Candanedo de Fenar (municipio de La Robla), entre otros. Casi siempre se presenta como una panadera que vive en una peña o cueva en el monte y que tiene una cueva anexa a su morada que utiliza como horno; es en él donde amasa pan para los niños de los pueblos cercanos y a quienes se lo envía a través de padres y familiares a la vuelta de su jornada en el campo.


Este pequeño rito de dar a los niños los restos del almuerzo o merienda que los labradores y pastores llevaban al campo es denominado en algunas zonas leonesas pan de paxarines o pan de pajarines, o pan de raposa. Algunas tradiciones sobre este personaje, por ejemplo, las que se cuentan en Salamón (municipio de Crémenes), nos indican que se trata de un ser amable con quienes se aproximan a su lugar de habitación y que conoce muy bien la naturaleza y a todos los animales y plantas, e incluso es frecuente encontrar herbívoros salvajes pastando cerca de ella sin miedo. Y en el desaparecido pueblo de Lodares los rapaces esperaban con ansia la llegada de los mayores por la noche, y los recibían con preguntas del tipo: «¿Qué nos trajo la Vieja?», quedando maravillados al ver los trozos de pan, queso o embutido que les había dado la señora para ellos.




Este entrañable mito tiene además un interés notable; de hecho quizá sea la figura mitológica leonesa de orígenes más remotos, pues destacados lingüistas europeos como Gerhard Rohlfs o Mario Alinei han estudiado en las lenguas y folclores de toda Europa la existencia de un antiguo mito común a casi todo el continente que se muestra de múltiples formas y que remite siempre a una Magna Mater benefactora y señora de la naturaleza que es imaginada en las culturas populares europeas como una mujer vieja. Una de las figuraciones de esta deidad ancestral es el arco iris que se vincula a este ente en varias lenguas de Europa, como la leonesa, en la que este fenómeno meteorológico es designado como arcu la vieya (arco de la vieja) o cinta la vieya (cinturón de la vieja, en la variedad leonesa de Sanabria) He aquí, pues, el conjunto de características de la Vieja leonesa: Vive en la montaña, se manifiesta en el cielo como el arco iris, es hilandera y se relaciona también con la luna, configurándose como un un personaje legendario que hunde sus raíces en estratos culturales antiquísimos pero cuyo recuerdo se ha conservado como un tesoro en la tradición de la sociedad rural leonesa hasta nuestros días.


Fuente: Nicolás Bartolomé Pérez / Emilio Gancedo, Diario de León, edición de 12-I-2014

Fotografía: archivos


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1 Comentarios

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Qué recuerdos, Dios. Qué maravillosos tiempos aquellos de cuando estudiante iba al pueblo en vacaciones a trastear y matar pajarines con los amigos de allá y, de cuando en casa de mis abuelos tocaba alguna vecera y volvía ya a tarde vencida mi tío Cleto con un buen rebojo de pan y algo de queso y nueces que la Vieja el Monte le había dado para mí. Poco me gustaba entonces el pan de pueblo, pero aquel de la Vieja el Monte lo trituraba entre mis muelas con fruición. Qué recuerdos, Dios...qué recuerdos.

escrito por Javier 29/ago/17    18:24

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