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REPORTAJES - PUENTE ALMUHEY

REPORTAJES/ La ermita de las Angustias de Puente Almuhey, una sorpresa en el camino hacia santiago...

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Nueva entrega de la sección "Descubriendo nuestro patrimonio", en el Diario de Valderrueda, de la mano de Araceli Reyero Alario, Historiadora del Arte y Restauradora de Bienes Culturales.



DESCUBRIENDO NUESTRO PATRIMONIO ARTÍSTICO (III)

LA ERMITA DE LAS ANGUSTIAS DE PUENTE ALMUHEY


Una sorpresa en el camino norte hacia Santiago



INTRODUCCIÓN


Puente Almuhey siempre ha sido un cruce de caminos.

Hacia el norte el valle del Tuejar que nos conduce al espectacular y monumental Santuario de la Viregen de la Velilla, hacia el sur y siguiendo en curso del rio Cea, arribamos a Almanza, hacia el Este y sin abandonar el Cea pero en sentido ascendente, hasta su nacimiento, nos encontramos con Prioro y finalmente hacia el oeste llegamos a Cistierna.


EDIFICIO


Es precisamente en esta encrucijada donde se encuentra la Ermita de nuestra Señora de las Angustias, muy cerca del puente medieval que cruza el Cea y de la emblemática piedra denominada “la Muria”, lugar de reunión de los tres concejos y donde se dirimían sus asuntos.



Es un edificio realizado en el primer tercio del siglo XIII, dentro de un estilo aún románico, a pesar de lo avanzado de las fechas, de una única nave de bóveda de cañón y arcos fajones ligeramente apuntados. Cabecera plana con ventana moldurada en medio punto y decorada con la cruz de Malta.


Ventana de la cabecera de la ermita


En este mismo lugar hubo ya en el siglo XII un hospital vinculado con la Orden de San Juán de Jerusalem, aunque hasta la fecha no exista una ratificación documental.

El Catastro de la Ensenada (1752) hace referencia a un hospital de la Orden de Malta en un enclave denominado Puente de Muhey, “… posee un hospital en un lugar llamado PUENTE DE MUHEY que sirve para recoger enfermos y pobres y se mantiene con rentas de la capellanía del santuario”

Vinculada a esta obra hospitalaria, hoy desaparecida, se erige el santuario mariano que hoy se denomina de las Angustias.

Tras atravesar su vano de entrada, situado al norte, con arquivolta triple de medio puto accedemos a su interior.


Puerta de acceso a la ermita de las Angustias


RETABLO


En la cabecera de la iglesia se encuentra el retablo, obra de principios del siglo XVII, de traza renacentista, dorado y decorado con frontones, frisos, columnas acanaladas, pilastras con relieves figurativos de figuras femeninas de estilo clasicista, angelotes y seres fantásticos.

Horizontalmente, el retablo se divide en predela y cuerpo con remate superior semicircular, adaptado a la línea de unión de la bóveda y el muro plano de la cabecera.

Verticalmente, se estructura en tres calles y remates, en cuarto de esfera, a cada lado. La hornacina central la ocupa la talla de laVirgen, Angustias o Dolorosa, con e Cristo muerto en sus brazos, obra de excelente factura del siglo XVIII.


A ambos lados el programa iconográfico se desarrolla en tablas pictóricas y hace referencia a escenas de la vida de la Virgen y del Nacimiento de Jesús. De izquierda a derecha. Nos encontramos con la Visitación, la Ascensión, el Nacimiento y la Adoración de los Magos.


Imagen actual del retablo


El ático se decora con dos relieves laterales que representan el tema de la Anunciación y finalmente sobre el entablamento central, la talla de Dios Padre, el Salvador, bendiciendo.

Es un retablo de equilibrada arquitectura realizada en madera de roble que posee una buena factura y riquísima decoración con sorprendentes detalle de gran preciosismo y fantasía: roleos, guirnaldas, cuernos de la abundancia, aves picoteando frutos, personajes femeninos fantásticos, etc.


Preciosismo en la decoración pictórica de la arquitectura


En 1999 fue sometido a un profundo tratamiento de conservación y restauración ya que su estado era ruinoso y como tal fue calificado en los archivos diocesanos. Se acometió la intervención en tres fases: pintura sobre tabla y relieves, arquitectura y finalmente la figura titular de la Virgen de las Angustias.

Había sufrido enormes daños y profundo deterioro: desajustes estructurales, aporte de agua por filtraciones de la cubierta y por la ventana lateral de la cabecera que carecía de cristal, ataque de carcoma con destrucciones totales y parciales del soporte, quemaduras, repintes, pérdidas del programa decorativo especialmente en las tablas del lateral derecho; Natividad y Epifanía, pérdida del dorado, gruesos barnices amarillentos y oxidados, encolado de papeles pintados sobre fondos dorados y rallado de los mismos, pérdida de la decoración arquitectónica, llegando a ser de un 80% en algunos puntos, gran acumulación de suciedad ..etc.

La intervención fue profunda e integral ya que había que atajar problemas de todo tipo; estructurales y formales. Se podría enumerar de forma sucinta entre otras las siguientes tareas realizadas: Desmontaje, clasificación y siglado de piezas estructurales y decorativas, protección de zonas especialmente vulnerables para poder ser manipuladas dada su alta friabilidad, eliminación de acumulación de detritus e incluso escombros del muro y bóveda, desinsectación química mediante el empleo de biocidas, consolidación estructural del soporte, reconstrucciones del mismo, barrotajes y llaves en la unión de paneles pictóricos y grietas para proporcionar al conjunto una mayor cohesión, colocación de piezas nuevas que sustituyen a piezas completamente perdidas por el intenso deterioro, encolados, re-adhesiones, reproducciones de volúmenes, consolidación de preparaciones de yeso de dorados y policromía, limpieza química de superficies decorativas, reintegraciones cromáticas y protecciones.


Colocación de barrotajes móviles y llaves en los paneles pictóricos


La intervención se extendió a cada una de las piezas que conforman la arquitectura, anverso y reverso; a las tablas pictóricas; a los relieves; a los elementos decorativos. En definitiva se acometió una ingente labor destinada a recuperar una obra que se había dado por perdida, consecuencia del abandono que había sufrido durante muchos años y que irremediablemente también reflejó el deterioro de edificio que la albergaba.


PINTURA MURAL


El desmontaje del retablo proporcionó una sorpresa inesperada: el descubrimiento de una pintura mural tras el mismo en el muro testero. Las piedras de sillarejo estaban rejuntadas con un mortero de cal y arena y sobre él, se había dispuesto un enlucido blanco cuya decoración imitaba sillares rectangulares con el llagueado en color rojo, en un claro intento de ennoblecer la pobre factura del muro. Sobres ese fondo, dos figuras; un gallo y una cruz en el centro y en el lado del Evangelio escudo con inscripción y fecha (1520)

La pintura mural descubierta fue sometida a un tratamiento de conservación y restauración para asegurar su pervivencia y debidamente documentada ya que la que ocupaba el muro de la cabecera tras el montaje del retablo no iba a poder ser contemplada.


Pintura mural descubierta tras desmontar el retablo, hoy no puede ser vista


Se procedió a eliminar el revoco de cal que cubría la bóveda descubriéndose otra pintura, de difícil interpretación.

Pero que podría verse como dos dragones entrelazados y cuyas cabezas se disponen en direcciones opuestas.


Detalle de las extrañas figuras que decoran la bóveda del presbiterio


CORDOBÁN - GUADAMECÍ


La rareza y la calidad estética de este cordobán del siglo XVIII nos alerta una vez más sobre los tesoros escondidos de nuestras iglesias.


El guadamecí es una técnica artística del trabajo de la piel. La palabra guadamecí proviene de la ciudad norteafricana de Guadames, que ya en la Edad media era famosa por sus cueros pintados.

Los árabes la trajeron al sur de la Península, siendo Córdoba un gran centro de producción. De ahí se extendió al resto del territorio ibérico y más tarde a Europa. En los Países Bajos se facturaron obras de gran calidad en los siglos XVI, XVII y XVIII.

Su función era ornamental y suntuosa; frontales de altar, sillas, biombos, almohadones, etc. Sin olvidar su función de recubrimiento de paredes de casas ricas.

Eran de piel de cabrito o carnero, que era curtida con adobos vegetales, taninos: corteza de encina o pino, grana de mimosa, zumaque, madera de quebracho. Posteriormente se cubría con unas finas láminas de oro y plata y se ferreteaban, moldeaban, repujaban y policromaban generalmente al óleo. La lámina metálica era necesaria como preparación por ser la piel un material poroso y absorbía la policromía. En ocasiones obre la lámina de plata se aplica una corla que la proporcionaba un brillo dorado y la protegía de la oxidación

La piel, con su componente básico, el colágeno, es el soporte de este tipo de obra. Es un material muy sensible al deterioro, a la destrucción, al paso del tiempo y a los cambios de temperatura y humedad; por ello no es frecuente encontrarnos muchos ejemplos de este tipo de obras.

Con la falta de humedad la piel se acartona, se encoge se cuartea y fragmenta, si la humedad es excesiva puede haber proliferación de hongos


Detalle de las deformaciones de la piel por deshidratación


Cuando en el 2011 se acometió la restauración de esta singular pieza albergada en la ermita de las Angustias, su estado de conservación era muy malo; además, estaba descontextualizado ya que su función originaria era la de ser un frontal de altar, esto es, disponerse ante el altar. Sin embargo se encontraba clavada a una plancha de ocumen y a un marco de madera que cubría parte de los bordes del cuero, “almacenado” en la sacristía de la iglesia .

Entre otros deterioros la obra presentaba: agujeros de puntas que usaron como sujeción, cintas adhesivas sobre la piel, separaciones, deformaciones, deshidratación, pérdida de soporte, alteraciones cromáticas por desnaturalización de pigmentos, desnaturalización del colágeno de la piel por ataque de hongos y microorganismos, pliegues, desgarros , craquelado, pérdida de policromía, etc.

El tratamiento que se siguió tuvo por objeto devolver la elasticidad a las cuatro piezas de cuero que conformaban el frontal, al mismo tiempo que eliminar deformaciones y completar el soporte perdido. Consolidar la policromía devolviéndole su unidad física y estética, la colocación de injertos de piel nueva y finalmente, proporcionarle un sistema de refuerzo y montaje cuyo objetivo era asegurar la estabilidad y la reversibilidad del proceso de restauración así como devolverle su funcionalidad original.


Una concienciación por parte de las gentes de esta localidad y de su párroco (D. Salvador Gómez) respaldada por una serie de campañas de ayudas económicas de la Diputación y Obispado, han permitido que hoy podamos disfrutar de estos tesoros que no por menos conocidos carecen de valor histórico y artístico y sobre todo, constituyen la memoria y la seña de identidad de sus gentes.


Araceli Reyero Alario


León, julio 2016


Fuente: Araceli Reyero Alario: Historiadora del Arte y Restauradora de Bienes Culturales.

Fotografías: Araceli Reyero Alario: Historiadora del Arte y Restauradora de Bienes Culturales.


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