Diario de Valderrueda
La magia de Collado Jermoso
martes, 7 de abril de 2020, 20:55
TURISMO - PICOS DE EUROPA

La magia de Collado Jermoso

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La magia de Collado Jermoso.

Paraíso en las rutas de Picos de Europa...Por Isidoro Rodríguez Cubillas.


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Al atardecer, cuando las últimas luces del día se extinguen, tan solo tenemos que subir una corta cuesta desde el Refugio de Collado Jermoso para alcanzar el collado que le da nombre, y allí, tranquilamente acomodados en la hierba o las piedras, contemplar uno de los espectáculos más hermosos con los que la madre Naturaleza nos pueda sorprender en los Picos de Europa: la puesta de sol teniendo la Torre Santa, la reina del Cornión, como excepcional telón de fondo, mientras que muy cerca de nuestros pies, la profunda depresión que forma el cauce del río Cares nos hacer sentir por encima del mundo.


Y es que el Collado Jermoso es un lugar irrepetible...


Los primeros refugios que se habían construido como tales en los Picos de Europa habían sido el de Áliva de 1916, el de la majada de Camburero en 1923 o los de Vega Redonda y Vega Huerta, que datan de 1924 y 1929 respectivamente. Todos ellos pertenecientes a algunas sociedades montañeras o al Parque Nacional de la Montaña de Covadonda.

El Refugio de Collado Jermoso es conocido también como Diego Mella, pues fue este leonés el que propuso su construcción en la primera mitad de los años treinta cuando divisó el hermoso emplazamiento en una de sus ascensiones al Llambrión. Posteriormente, en 1935, celebrándose en León el Primer Congreso de la recién creada Sociedad Española de Alpinismo, que trataba de agrupar a todas las sociedades españolas practicantes de este deporte, embrión de la futura Federación Española de Montañismo, se aprueba la construcción inmediata del primer refugio de esta organización.


Manos a la obra, se comienza con los primeros presupuestos y ya se portea material, pero la Guerra Civil da al traste con estos primarios trabajos y se volatiliza el material y el dinero.

En 1940 se retoma el proyecto volviendo a acarrear el material, que sube penosamente a los hombros de las gentes del valle de Valdeón quienes transportan el cemento, vigas, madera en general, yeso, pizarra,… desde las Joyas de Pedejo pasando por la vega de Liordes y las Colladinas. Todo dispuesto para comenzar a levantar el refugio en 1941.


Los planos fueron obra del arquitecto Julián Delgado Úbeda, mientras que Diego Mella se encargó de gestionar los correspondientes permisos organizándolo todo para que Francisco Casado, de Santa Marina de Valdeón, al frente las obras y con la ayuda de varios trabajadores, hiciera lo necesario  para que se pudiera inaugurar en 1942, aunque se volvió a reinaugurar dos años después, al construirse un edificio anexo que fue la guardería.


Desde entonces, primero el citado Quico Casado, quien con mimo y emotiva dedicación se ocupó del refugio durante más de tres décadas, y luego los siguientes guardas: Guillermo Roldán, Paco el asturiano, Enrique Caldevilla, Luis Casal, Adolfo Cuétara y finalmente Pablo Sedano, han ido haciéndose cargo del refugio acometiendo obras, sobre todos en el último cuarto de siglo, que han hecho que el refugio de Collado Jermoso sea hoy un ejemplo para todos las demás instalaciones de este tipo. Además de la atención al refugio, estos guardas han tenido una actuación sobresaliente en la información a todos cuantos pasan por allí y han colaborado de forma muy activa en los rescates de accidentados en la zona.


A mediados de los años setenta Joaquín Cano, presidente de la Federación Leonesa de Montaña, puso en marcha durante dos veranos consecutivos, una iniciativa en la que los Clubs de Montaña colaboraron subiendo, domingo tras domingo, el material que se necesitaba para hacer una reforma importante, sobre todo en la cubierta. Así los paquetes de cemento, yeso, pizarra o madera fueron llevados a la espalda en múltiples viajes por multitud de montañeros.


En la actualidad, además de la treintena de plazas de que se dispone para pernoctar, con los correspondientes edredones, mantas y almohadas, existe un esmerado servicio de cantina, con comida y bebidas, emisora, servicios higiénicos con lavabos y duchas, calzado para andar dentro del refugio, taquillas, etc.


El refugio permanece abierto desde el final de la primavera hasta el otoño, cuando llegan las nieves, estando no obstante abierto durante el invierno para que los que allí se acerquen, puedan encontrar cobijo, pudiendo incluso cocinar, aunque hay que ser autosuficiente y llevar la propia comida.


En su página web podremos encontrar más información y seguir día a día, gracias a la webcam, el estado del tiempo o la nieve que hay en invierno.

http://www.colladojermoso.com


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Llegar al refugio no es tarea fácil, y dos son las opciones más utilizadas: La más larga, pero también más tranquila, va desde la horcada de Valcabao (a la que se llega por una buena pista desde el puerto de Pandetrave, y donde hay un reciente aparcamiento), teniendo luego que caminar hasta el Cabén, y más adelante ascender el vertical sedo de Remoña o a su derecha subir, de forma más sencilla, por la canal del mismo nombre, para alcanzar la vega de Liordes, que dejaremos a nuestra derecha, para remontar el sedo de la Padierna y caminar hacia las Colladinas que nos llevarán a nuestro destino.


La otra opción consiste en subir de forma más directa desde Cordiñanes, teniendo en cuenta que hay que remontar 1.200 m de desnivel, encaramándonos por la atrevida senda de la Rienda para alcanzar la Vega de La Sotín, después de haber pasado por el bosque del mismo nombre, que ha sido declarado Patrimonio Mundial de la Unesco. Una subida hasta el collado Solano, las Traviesas del Congosto y luego la pindia canal del Congosto nos permitirán alcanzar el refugio.


Así, en el macizo central de los Picos de Europa, conocido también como Los Urrieles, a 2.064 m de altitud, al pie de cumbres tan importantes como la Torre de la Palanca o el Llambrión, así como de las difíciles Torres Peñalba o Delgado Úbeda, encontraremos un remanso de paz único, que no obstante vive atormentado por la severidad de las montañas de su entorno, y al que simplemente llegar, ya constituye por si mismo una hermosa actividad que no defraudará a nadie.


Fuente: Diario de Valderrueda - Isidoro Rodríguez Cubillas

Fotografía: Isidoro Rodríguez Cubillas


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