Diario de Valderrueda
¡Volver al pueblo!
OPINIÓN - SOCIEDAD

¡Volver al pueblo!

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¡Volver al pueblo!

Pocas veces ocurre que quien ha vivido en la ciudad quiera desear irse al pueblo a buscarse la vida y un futuro...

Por Jorge Escanciano, de Tejerina:


Tejerina aerea chuchi gonzalez rodriguez


Escriben poetas varios sobre el pueblo, la tierra que los vio nacer y crecer. Ese lugar idealizado donde uno se siente libre, donde conoces a todo el mundo y todo lo que ocurre, donde estás más cerca de la naturaleza... 


Y es que así de idealizado lo seguimos viendo aquellos que nacimos en la ciudad; ese pueblo maravilloso, el pueblo de Tejerina en mi caso, donde he pasado cada verano desde que tengo memoria, sin horarios, sin preocupaciones, sin el estrés de clases y deberes que tienen los niños hoy en día. Y aprendiendo cada día sobre cosas que aquellos que no tienen pueblo tienen que conformarse con ver en los libros de texto, y no me malinterpreten, me encantan los libros, pero no es lo mismo. 


Nosotros, los de pueblo aprendimos dando de comer a los animales, cultivando un huerto, construyendo cabañas aquí y allá, aprendimos por ensayo y error a trepar a los árboles frutales en busca de una buena merienda y distinguimos todos los frutos silvestres comestibles de aquellos que no lo son y que metemos dentro de la categoría de "tapaculos", incluso estos probamos a veces por culpa de apuestas tontas.


Y así uno crece y sigue con el pueblo en la cabeza y una idealizada vida allí, pero según crecemos nos vamos dando cuenta de que no todo es lo que nos parecía de niños. Si bien nos encantaba recoger la fruta y las hortalizas, el tenerlas requiere de un trabajo diario y de mucho mimo. Leer al lado de la lumbre en las frías tardes de invierno es un placer que requiere de "ir a leña" para poder hacerse y es bonito ver a los animales pero estos no se cuidan solos, por poner ejemplos.


Tampoco es lo mismo pasar un verano en el pueblo, de vacaciones, que vivir allí todo el año, sin comercios más que un bar que sirve de punto de reunión a la veintena de personas que allí quedan entre semana desde octubre a mayo. 

La vida parece recuperarse un poco cada fin de semana y en navidades o semana santa, o eso es lo que se dice. Se dice que más allá de eso no hay vida, que no es manera de vivir, que quien quiera vivir así está algo mal de la cabeza.


Y en estas me encuentro yo, discutiendo sus argumentos...


"¿Que no hay vida? Esto es vida". 


Nos hemos cargado de instrumentos y aparatos sin los cuales al parecer no sabemos vivir, cargado de necesidades y llenado nuestras agendas, las de los niños incluidas, de un sinfín de clases y actividades que poco o nada de tiempo nos dejan para estar con nosotros mismos, para jugar en familia, para contactar con nuestro niño interior.


Que es una vida más "solitaria" que en la ciudad no cabe duda, si lo mides por la cantidad de gente que te rodea allá donde vayas, pero no es lo mismo estar solo que encontrarse solo. Y en las grandes ciudades ocurre a menudo que te encuentras sólo por mucha gente que te rodee y que acabas queriendo estarlo.


En el pueblo yo consigo sentirme en casa como en ningún otro lugar del mundo (Y a mis 27 años puedo considerarme viajado), el pueblo es lugar de reunión familiar, es mar de recuerdos y de paz. 

En mi caso además pertenece a la Montaña de Riaño, que es un paraíso de la naturaleza, y al Parque Regional de los Picos de Europa, el lugar con mayor biodiversidad de España y probablemente de Europa.


Y ahí quiero vivir. Si la vida es un camino que se divide en dos, yo tomaré el menos transitado; y dolerá a veces, habrá dificultades, esperadas e inesperadas, soledad y dudas; pero también habrá vida, habrá profundas amistades, contacto con la naturaleza, convivencia con uno mismo y cualquier trabajo o tarea se compensa al sentarse en lo alto de una collada a ver ponerse el sol o al tumbarse bajo las estrellas. 


Se me hincha el corazón cada vez que llevo a algún amigo a visitar lo que yo llamo mi paraíso y veo como no son capaces de cerrar la boca de asombro cuando asomamos al mirador de Recuenco, desde donde se ve el Pantano de Riaño en su totalidad y el macizo de Picos y cuando cae la noche y los ojos brillan con el reflejo del cielo limpio y estrellado y pese al frío no quieren entrar en casa.


Pero en una cosa estaremos todos de acuerdo, y es que en el pueblo también se pagan facturas y no se vive del aire, y es por ello que no puedo realizar tan ansiada mudanza sin un proyecto de futuro y sin trabajo para mantenerme. 


Y siendo realistas una vez más, trabajo no hay. Es por ello por lo que aprovecho para ofrecerme como profesor particular de cualquier materia, especializado en inglés, con experiencia que va desde niños de 2 años a adultos. 

De igual manera si alguien conoce cualquier oportunidad de trabajo que no dude en contactar. 


Mi número es el 638733840. 


Doy las gracias a los que se hayan tomado el tiempo de leerme y espero no haberles aburrido demasiado.


Artículo: Jorge Escanciano

Fotografía: Tejerina - Chuchi González 


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