Diario de Valderrueda
Las diez claves del crimen de Isabel Carrasco
JUICIO - CRIMEN DE ISABEL CARRASCO

Las diez claves del crimen de Isabel Carrasco

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El profundo odio de madre e hija hacia Carrasco, la fuerte amistad de ambas con Raquel Gago, un posible 'chivatazo' y el teléfono de prepago, algunas de las claves.


Mes de juicio Crimen de Isabel Carrasco


Un mes de juicio a partir de este martes (el lunes será a puerta cerrrada y únicamente se elegirá a los 11 miembros del jurado, 9 titulares y 2 suplentes, todos ellos obligados a permanecer en el interior de la sala durante la vista) y quince intensas jornadas en la sala principal de la Audiencia Provincial de León. En ella se dilucida el crimen más mediático de la historia de León, con cuatro mujeres implicadas en el mismo. Éstas son las claves de un crimen en el que aún faltan respuestas.


1. Odio visceral hacia Carrasco


Para el fiscal del caso no hay duda, el móvil del crimen de Isabel Carrasco está en el odio enfermizo que tanto Montserrat González como Triana Martínez tenían hacia la entonces presidenta de la Diputación de León y del PP provincial. Un odio enfermizo que las llevó a planificar, de acuerdo con la policía local Raquel Gago, un crimen perfecto según ha recordado el propio fiscal. "Estaba obsesionada con el daño que le estaba haciendo a mi hija y también a mí. Lo he pasado muy mal. Lo que le ha hecho a mi hija no tiene nombre. Lo he pasado tan mal...", ha confesado la autora material de los disparos.


"Me hacía mucho daño", ha recalcado la hija, que se sentía víctima de una persecución que tenía por objeto acabar con su carrera política y profesional, además de expulsarla de la Diputación y de ser objeto de una "persecución" por parte de Hacienda.


"No tenía más remedio que darle muerte y hacer justicia. No tenía más remedio que darle muerte y hacer justicia", también ha asegurado durante sus declaraciones Montserrat González.


2. El papel de Raquel Gago.


Amiga personal de Triana Martínez, con la que compartía café, tertulias y tiempo de ocio. Se llamaban de forma constante, como demuestran los registros, y se veían un día sí y al siguiente también. Un lazo tan estrecho en el que incluso se han llegado a ver una mirada más allá de la simple amistad, algo que se ha negado durante las confesiones.


Raquel estuvo aquel 12 de mayo tomando café en casa de Triana y posteriormente se citó con ésta recibiendo en un bolso el arma del crimen. La madre, en todo caso, ha recalcado que en ese día no tenía previsto matar a la presidenta de la Diputación sino que, como en tantas otras ocasiones, acudía a la zona para comprobar si la podía ver.


3. El bolso con el arma.


Es uno de los grandes interrogantes del caso. ¿Cómo es posible que Raquel Gago, agente de la Policía Local, no se percatara de que en su encuentro 'casual' con Triana ésta le dejara al arma del crimen? Para el fiscal no hay una explicación lógica que supla la complicidad. Raquel, sostiene el fiscal, fue cómplice de un crimen en el que se prestó a colaborar desde el primer momento. Y ese argumento es el que ahora intentara derribar la defensa.


Mientras su amiga y la madre de ésta eran detenidas por su presunta relación con el asesinato de la presidenta de la Diputación, Raquel se subió a su coche y se dirigió a Trobajo del Cerecedo, donde acudía a clases de restauración. Estaba ya en la academia cuando sonó su móvil. Su compañero de patrulla, Eduardo, le dijo que habían asesinado a Isabel Carrasco y que todo apuntaba a que habían sido Triana y su madre. Ella no le dijo que la acababa de ver. Tampoco que había estado tomando té en su casa.


Un silencio que, según las partes el caso, deja ver un evidente grado de complicidad.


4. El chivatazo.


¿Por qué entregó finalmente el arma la agente Raquel Gago? ¿Fue una reacción tras el sorprendente encuentro o por el contrario la respuesta a un chivatazo? La noche del crimen Gago, a su regreso de las clases de pintura, quedó con su hermana y varias amigas. Toda la conversación giró sobre el crimen pero la policía silenció que había estado con Triana y su madre y nada dijo del encuentro y el bolso.


Mientras en las dependencias policiales, la presunta autora del crimen, sólo quería ver a su hija. Fueron agentes de Burgos quienes facilitaron el encuentro y en el primer cara a cara tras la detención Monserrat lloró junto a su hija y le dijo que no se preocupara, que había asumido toda la responsabilidad y que ella quedaría libre.


Montserrat además dijo a los policías que no siguieran buscando la pistola en el río porque allí no se encontraba. "La tiene otra persona", dijo. Triana reaccionó airada y reprendió a su madre: "¡Mamá, por favor, no digas quién la tiene!". Y casi susurrando añadió: "¡Que es policía local!".


Esa frase provocó una reacción en cadena dentro de la investigación y corrió como la pólvora entre los policías. La investigación cree que fue un aviso a Gago de esa confesión el que provocó que ésta entregara el arma y que asegurara que la localizó por sorpresa en la parte posterior de su vehículo.


Crimen de Isabel Carrasco



5. Los seguimientos.


Montserrat y Triana hicieron 'seguimientos' a Isabel Carrasco. Uno, otro y otro más. Hicieron fotos del paseo próximo al portal de la vivienda de la presidenta de la Diputación y realizaron dibujos. Además de todo ello almacenaron material fotográfico de Carrasco, de sus colaboradores, e incluso hicieron anotaciones sobre los mismos.


En una ocasión una mujer del mismo inmueble que Carrasco vio a Montserrat en posición 'vigilante' en el entorno del portal. Inicialmente pensó que se trataba de una policía y así se lo espetó: "Si es usted policía no pasa nada, pero sino es así voy a llamar yo a la policía", le espetó. Y Montserrat desapareció de la zona.


Sin embargo los registros de los movimientos telefónicos descartan que en esos seguimientos participara la agente Raquel Gago. Inicialmente se argumentó que sí que había estado en ellos, pero su defensa ha detectado graves errores en los apuntes de la investigación a este respecto.


6. Las armas.


El revolver empleado para cometer el crimen, un Taurus del calibre 32 (limpio y con el número de serie borrado), no fue una elección casual. Desde la Fiscalía se mantiene que el arma (comprada dos años antes del crimen en Gijón a un intermediario ya fallecido) no fue una elección casual, ni mucho menos. En la vivienda de Montserrat había una pistola semiautomática Royal del calibre 7,65x17, y suficiente munición, pero a juicio de la acusación se inclinó por un arma perfecta para este tipo de actuaciones por su fiabilidad y porque el Taurus no deja rastro del casquillo.


7. El agente de la ORA y la llamada de 17 segundos.


Eran las 17:20 horas cuando Montserrat disparó hasta en cuatro ocasiones sobre Isabel Carrasco. Cometió el crimen y se fue de la zona. Mientras la asesina se dirigía hacia el coche, Triana encaminó sus pasos hacia la calle Lucas de Tuy. Cogió un teléfono móvil con una tarjeta prepago adquirida a nombre de un amigo e hizo una llamada a Raquel. Esa llamada duró 17 segundos. ¿Qué le pudo decir en 17 segundos?. Para el fiscal no hay duda: está hecho, espera ahí. Julio, el agente de la ORA que entonces conversaba con Gago recuerda que la policía estaba en "actitud de espera". Triana metió el bolso detrás del asiento del conductor y dijo: "Voy a la frutería; ahora vuelvo". Pero no fue así.


8. El estado mental de Montserrat y Triana.


El informe de parte asegura que Montserrat González sufre "trastorno de ideas delirantes" lo que llevaría a un eximente por trastorno mental. De ahí que se solicite siete y medio de prisión por el asesinato y un año por tenencia de armas. Para la hija la defensa solicita la libertad alegando que ésta sufre una gran dependencia de la madre y alega un "encubrimiento impune".


9. El estado mental de Gago.


La defensa de Gago advierte de que su representada sufrió un bloqueo por una situación de estrés, exactamente se advierte que se trata de un bloqueo denominado "disonancia cognitiva". Ese fue el motivo y no otro para que durante 30 horas tuviera en su poder el arma y no la entregara a la policía. Por su parte un informe psicológico ordenado por juzgado considera que madre, hija y policía son 'justiciables'.


10. Y el papel del comisario.


Pablo Antonio Martínez, comisario de Astorga y marido de Montserrat González, ha quedado completamente al margen del caso. Había prestado servicio en Gijón, donde se compró el arma, y mantenía una estrecha relación con madre e hija. Nada le relaciona con el caso.


Fuente: J.C./@Javi_Calvo / A.C./@And_Cubillas

Fotografía: leonoticias.com

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